martes, 27 de septiembre de 2011

6. Problemáticas y cuestionamientos del programa turístico de Pueblos mágicos

La primera problemática que he identificado a partir del planteamiento de Florescano en relación al patrimonio cultural material o inmaterial, entiéndase como aquello que es valioso y determinado por grupos que tienen el poder de seleccionar, preservar, difundir y asimismo explotar, es precisamente que los nombramientos de pueblos mágicos son designados básicamente a partir de los elementos patrimoniales que poseen y la posibilidad que tienen estos de ser atractivos y vendibles para una oferta turística cultural que tiene como misión percibir inversiones, divisas y una activación económica mediante la implementación de productos turísticos que se construyen con base a ejes axiológicos que determina SECTUR. Cabe señalar que nuevamente en el impulso del nombramiento se genera una fuerte exclusión que se deja ver cuando dentro de las disposiciones del programa no se contempla la participación directa de la sociedad civil o en general de los pobladores, sino que se centra en vincular a grupos de poder ya sea políticos o económicos, pues aunque en teoría se acepta su participación en las juntas, no tienen voto de ningún tipo en la toma de decisiones de la asociación o sociedad que impulsa el programa de Pueblos Mágicos para su comunidad.


Por otro lado es necesario cuestionarse qué pasa con la propuesta que declara el Plan Nacional de Cultura que asume la responsabilidad del turismo cultural como una fuente de reactivación económica en beneficio del decremento de la pobreza, cuando finalmente elige pueblos que han invertido durante más de tres años en planes para incentivar el turismo, rehabilitación de espacios, especialmente centros históricos, que ya tengan una infraestructura hotelera, restaurantera y de servicios, que posean declaratorias de monumentos (históricos, artísticos, arqueológicos, entre otros), entre una serie de requerimientos que no precisamente van enfocados a pueblos que padezcan pobreza, ya que tanto las inversiones como el capital cultural, en este caso patrimonial, nos describen poblaciones con fuertes capitales culturales o económicos, financiamientos e inversiones en el sector turístico, aunado a la especificación que se ubiquen espacialmente en una cercanía de menos de 200km o 2 horas de transporte vía terrestre cerca de un destino turístico reconocido.


Puntualizo también que partiendo de la estructura del programa de Pueblos Mágicos donde un consejo selecciona aquello valorable, culmina siendo nuevamente una reproducción de prácticas de exclusión, que en definitiva otorgan más peso a determinados patrimonios de ciertas comunidades, y aunque es indiscutible que es imposible caer en la idea de una patrimonialización de todo lo valioso culturalmente para una comunidad, también es innegable que los intereses del Estado y la iniciativa privada están a la cabeza de las estructuras de poder pues son quienes determinan el nombramiento de los pueblos mágicos. Un ejemplo es el caso del pueblo de Tequila que según el Dr. en Antropología Social José de Jesús Hernández López declara:


“Desde 2004, el pueblo de Tequila, Jalisco, fue incluido en el programa de la Secretaria de Turismo del gobierno federal denominado “Pueblos Mágicos” (…) Esta distinción de “pueblo mágico” es una forma de agregar valor a la producción de tequila (…) El ingreso de Tequila entre las localidades distinguidas por la secretaria de Turismo federal (SECTUR) para ser considerada pueblo mágico, se debió a las gestiones de un pequeño grupo de empresarios propietarios de la más importante industria tequilera mexicana, interesado en aprovechar el programa federal como una forma de promocionar el tequila, aunque enfocado más en la valoración histórica y cultural de una industria peculiar, dado que no existe parangón en ninguna otra parte del mundo”.




El Dr. Hernández en su ensayo titulado Tequila: centro mágico, pueblo tradicional, publicado en 2009 en la revista Andamios, hace un análisis crítico del proceso de rehabilitación del pueblo de Tequila, en donde nos muestra el trasfondo de los eventos en este “pueblo mágico”; los intereses, los grupos de poder, la situación real de la población, la proletarización de los pobladores (y no precisamente de trabajos que fomenten mejores niveles de vida), el uso del patrimonio que idealmente se declara comunitario pero que es apropiado por un coto de poder, los intereses que movilizan los nombramientos de los pueblos mágicos, entre una serie de situaciones que se generan en torno al patrimonio cultural por medio del turismo y en general la triste situación de un programa que se enfoca a velar por los intereses de ciertas empresas y no de un impacto que beneficie a la mayor parte de la población, quienes se suponen son herederos de los bienes patrimoniales materiales e inmateriales, y que sólo resguardan las instituciones federales. En este sentido bien cabe vincular al turismo cultural como un sector muy productivo y que genera un fuerte crecimiento económico, que no necesariamente significa el bienestar de la población. García Canclini explica que:


“Aun cuando el turismo es considerado extremadamente productivo, dado que los flujos de efectivo son inmediata y claramente identificables, debe tenerse en cuenta que su efecto se presenta en términos de crecimiento económico, mas no de desarrollo o bienestar, lo que puede representar una trampa al desarrollo local, regional o nacional” .





Ahora bien, otro punto que quiero tratar es relacionado a los intereses dominantes, específicamente de la iniciativa privada, tomando como referente ahora al “pueblo mágico” de San Miguel de Allende en el estado de Guanajuato, del cual Manuel Delgadillo ha recuperado artículos de diarios estadounidenses:


“San Miguel de Allende, México, donde extranjeros han comprado decenas de viviendas para uso temporal y fijo y han desplazado a la población local. La prensa estadounidense habla de gentrificación y creciente expatriación de mexicanos, a través de la presencia de más de 10 mil habitantes norteamericanos en esta ciudad histórica (Los Ángeles Times, 2007)”

El proceso de gentrificación o desplazamiento de poblaciones económicas también es un fenómeno que se manifiesta en Tequila o la misma Ciudad de México, pues se ha generado una apropiación por parte del capital privado tanto de centros históricos como en general de espacios considerados patrimonio cultural para rehabilitarlos, recuperarlos, conservarlos y potencializar la economía de estos sitios. La iniciativa privada encuentra su justificación en el mecenazgo hacia la cultura y la identidad nacional, implantándose por medio de programas como el de Pueblos Mágicos, que argumenta su intervención. Sin embargo Eduardo Andión nos incita a la reflexión:


“En México, las instituciones culturales han ido adquiriendo una forma de operación semejante a la de la tradición estadounidense de las fundaciones culturales. Estas son nuevas formas de mecenazgo cuya lógica reside en legitimar por redistribución. Su modalidad privada consiste en la donación y financiamiento a instituciones “desinteresadas” (…) Su público se conforma de políticas “sociales” (…) Los afanes optimizadores de la inversión de recursos requieren evaluar el impacto de las magnas promociones de exhibición espectacular de “La Cultura” y, de manera paradójica, han revelado el efecto de negación del interés económico que ejercen el arte y la cultura como ideología del espíritu”


En este sentido Andión nos obliga a reflexionar el supuesto papel desinteresado del capital privado. Al ser aplicado a los bienes patrimoniales culturales, se dejan ver las intenciones de la intervención de la iniciativa privada en la recuperación y rehabilitación de espacios que tienden hacia la misma privatización del patrimonio común de los mexicanos, ya sea por grandes empresas como en el caso del pueblo de Tequila o como propiedades para vivienda en el caso de San Miguel de Allende. Bien dice Manuel Delgadillo:


“Distintas evidencias indican que varios programas de aprovechamiento turístico del patrimonio cultural y natural profundizan la inequidad y la desigualdad social; y que en algunos caos incluso despoja de sus recursos naturales y culturales a las comunidades locales, quienes son vistas como obstáculo para el desarrollo del turismo”




También es importante resaltar la cuestión laboral a la que nos enfrentamos con una complejidad amplia, por un lado el tipo de trabajos que se generan a a partir del turismo cultural que se propone en el programa de Pueblos Mágico, por ejemplo Delgadillo afirma que la mayoría de estos empleos son temporales y de bajos salarios y que las ganancias no se reinvierten en la comunidad, mientras que las desigualdades sociales se incrementan, mientras que Hernández explica que de igual manera en Tequila se generan trabajos informales como lavacoches, lustradores de calzado, afanadoras, etcétera, aunado a que el comercio se centraliza en espacios definidos. Por lo que el impacto económico se concentra al igual que los beneficios del turismo cultural. Otra situación en la que insiste el programa de Pueblos Mágicos con respecto al campo laboral, es el comercio informal, considerado como una plaga:


“El comercio semifijo y ambulante es un fantasma que persiste luego de 10 años en los llamados pueblos mágicos. Entre 2001 y 2011 han padecido este problema que, en el peor de los casos, ha terminado por contrarrestar la "magia" de apoyos técnicos y financieros destinados a esas comunidades (…) De manera paradójica, la compra-venta de mercancías en lugares no fijos, una de las principales fuentes de ingresos de estos sitios, afecta la apariencia que se busca ofrecer a los visitantes”


La situación del comercio informal es otro de los escenarios que obliga a pensar las estructuras de organización que propone o más bien impone el programa de Pueblos Mágicos, afirmo que impone, ya que la SECTUR y el Comité que elige a los pueblos insta a que se ordene el comercio informal porque de no cumplirse se puede retirar el nombramiento y asimismo el apoyo económico. Aquí el cuestionamiento sería ¿cómo diseñar programas o implementar una oferta laboral que beneficie a las personas de quien se expropia su patrimonio cultural de forma simbólica y retribuir el uso de éste a su favor?, pues finalmente los pobladores en vez de ser beneficiados se ven afectados ya que irrumpe en su dinámica de supervivencia al ser retirados muchas veces por la fuerza de sus lugares de trabajo y siendo orillados a subsistir del turismo cultural, aunque lo que la SECTUR no hace es dar las fórmulas para integrarlos de manera adecuada y benéfica a la reactivación económica, pues otra situación que queda en el aire, es que la profesionalización de la actividad turística contemporánea exige incluso preparación académica, a veces universitaria, que de no encontrarse, se genera una movilización de personas aptas para determinados puestos de trabajo que no necesariamente son lugareños. En este apartado también queda el cuestionamiento de los tianguis, pues en sentido estricto se puede considerar como comercio informal, a pesar de que su dinámica es compleja ya que estos espacios conforman parte de la identidad y tradiciones de la mayor parte del país, y el comercio que se da en su interior es lo bastante amplio como para tratar de dar una solución que satisfaga a los comerciantes, el paradigma turístico, las autoridades y los requerimientos de la SECTUR.



Quiero colocar sobre la mesa la famosa sustentabilidad que abandera el programa, que si bien este término está relacionado de forma directa con la cuestión del equilibrio ecológico y su cuidado, es sumamente complejo lograr este contexto. Esta vez quiero presentar el caso de Malinalco de un artículo de Guillermo Miranda, en la revista Pasos de Turismo y Patrimonio Cultural, en la cual declara:

“Diversos son los impactos que el turismo genera sobre el medio ambiente, de Malinalco, se atribuye no sólo a los visitantes, sino también a los establecimientos que proporcionan el servicio. Se están agotando los mantos freáticos al incrementarse los requerimientos de agua para las empresas de hospedaje y alimentación, para jardines y albercas (…) obliga a entubarla o traerla de fuentes de abastecimiento más lejanas, generando desecación de depósitos y su consecuente escasez”




Otro ejemplo como el de Malinalco es el de Tequila, en el que Hernández explica que por cada litro de Tequila se generan al menos 10 litros de aguas residuales. Estos son dos ejemplos de impacto ecológico que ponen en duda la sustentabilidad de estos proyectos en los que se apuesta de forma central al turismo cultural. Sería necesario en este caso atender a lo propuesto por Lucina Jiménez

“En el tema de sustentabilidad, el patrimonio ofrece retos de gran envergadura, ya que la definición de políticas públicas y estrategias de gestión debe considerar a todos los sectores involucrados: entre éstos, las propias instituciones encargadas de regular su conservación, estudio y difusión, como entidades reguladoras y normativas: las comunidades que habitan en los alrededores, los agentes del desarrollo urbano, del medio ambiente y la industria del turismo (…) Estos fenómenos ya no pueden mirarse aislados del desarrollo”




Entre todo lo que ya se ha abordado podría también agregarse un tema delicado y de gran impacto actual en el cual estamos inmersos, el cual es la seguridad relacionada específicamente al narcotráfico:

“La inseguridad también es otro "fantasma" que ha golpeado a estos lugares. Creel, Chihuahua; Ciudad Mier, en Tamaulipas; y algunas comunidades de Michoacán son las más afectadas (…) En el caso de Ciudad Mier, los constantes enfrentamientos armados provocaron el abandono masivo de familias que durante 2010 tuvieron que ser apoyadas por el Ejército” .



Para finalizar este apartado quiero culminar con una reflexión que García Canclini hace en relación al turismo cultural:

“Se puede afirmar categóricamente que ninguna región o país ha alcanzado un desarrollo integral basándose únicamente en el turismo. Países exitosos como España lo han logrado con una virtuosa combinación de la actividad de todos sus sectores económicos”

G. Canclini nos estimula a reflexionar al turismo cultural como una opción que bien encaminada y articulada puede ser bien una alternativa para lograr el desarrollo económico de un país, pero también nos introduce en el campo de la realidad, para no concebirlo como la única línea que debe seguirse, sino sólo uno de los frentes en los que se puede atacar la pobreza y la búsqueda de bienestar social.

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